Sean Connery, mucho más que James Bond

Repasamos la prolífica carrera del actor escocés, fallecido a los 90 años

Una despampanante morena embutida en un vestido rojo se enfrenta a un hombre de espaldas sobre el tapete de un casino. Vemos las manos del caballero consultar sus cartas y sacar un cigarrillo de su pitillera de plata. «Admiro su suerte», le dice ella, «¿señor…?». Solo entonces la cámara nos desvela el rostro de ese jugador afortunado. «Bond. James Bond«, responde él mientras enciende su cigarro y suenan los acordes del inmortal tema del agente 007. Así protagonizó Sean Connery una de las presentaciones de personajes más icónicas de la historia del cine. El actor escocés, fallecido este sábado a los 90 años, encarnó en seis ocasiones al espía más famoso de la gran pantalla.

El mundo del cine dice así adiós a uno de sus actores más legendarios. Sin duda, su legado estará siempre marcado por haber sido el primero en interpretar al personaje imaginado por Ian Fleming. Su etapa como rostro de la franquicia británica abarca los títulos de ‘Agente 007 contra el Dr. No’ (1962), ‘Desde Rusia con amor’ (1963), ‘James Bond contra Goldfinger’ (1964), ‘Operación Trueno’ (1965), ‘007: Sólo se vive dos veces’ (1967) y ‘Diamantes para la eternidad’ (1971).

Pero Sean Connery fue mucho más que James Bond. Generaciones de espectadores le recordarán siempre por sus papeles en ‘El hombre que pudo reinar’ (1975), ‘El nombre de la rosa’ (1986), ‘Los intocables de Eliot Ness‘ (1987), que le valió su único Oscar, ‘La caza del Octubre Rojo’ (1990), o como el padre del arqueólogo favorito de todo el mundo en ‘Indiana Jones y la última cruzada’ (1989), entre otros. Con sesenta películas a sus espaldas, tras estrenar ‘La liga de los hombres extraordinarios’ en 2003, el actor abandonó el cine y desde entonces residía en las Bahamas.

Sean Connery y Nicolas Cage, aliados en 'La roca'

Un titán de la gran pantalla, un icono en lo que a estilo se refiere y una personalidad que no dejaba a nadie indiferente. El cielo de Hollywood ha perdido una estrella. Les invito a brindar por él… con un martini, agitado y no revuelto, claro.

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